La laicidad protege a la religión del poder

Las expresiones religiosas del nuevo Gobierno reabrieron una discusión vieja, y Rodrigo Uprimny la retomó en un ensayo para Cambio. Su tesis es que la laicidad cumple un doble propósito. Primero, protege al Estado de la interferencia de las religiones porque, como escribió Albert Camus, "la política no es religión o se vuelve inquisición", y protege a las religiones de la interferencia del poder político, que es lo que, según autores cristianos que cita, debilitó al cristianismo cuando Constantino lo volvió religión oficial. Colombia es jurídicamente un Estado laico desde la sentencia C-350 de 1994 y, para Uprimny, la Corte Constitucional construyó una vía propia entre el modelo francés y el estadounidense: admite acuerdos con las iglesias y decisiones con connotación religiosa mientras su contenido sea secular, pero les exige a los altos funcionarios "actuar con especial prudencia" al expresar sus convicciones. Ese mayor rigor en lo simbólico no es un capricho, escribe: viene de cómo se usaron los símbolos religiosos en Colombia para desencadenar y legitimar violencias atroces.

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