"El Espectador" revisa los argumentos contra los impuestos saludables y casi todos fallan ante la evidencia

Mientras avanza en la Cámara el proyecto de Daniel Briceño (Centro Democrático) y Carol Borda (Salvación Nacional) para tumbar los impuestos a las bebidas azucaradas y los ultraprocesados, El Espectador revisó con investigadores de la Javeriana, el Rosario y la Nacional las afirmaciones que circulan en su contra. Que quebraron a los tenderos no se sostiene: un estudio publicado a finales de 2025 no encontró caídas significativas en el empleo, los ingresos ni la informalidad de esos sectores y los propios tenderos hablan más de arriendos, servicios y tiendas de descuento. Que encarecen la canasta tampoco: según Hacienda, el impuesto toca 21 de los 443 artículos del IPC y le sumó a la inflación 0,21 puntos en 2023, 0,11 en 2024 y 0,12 en 2025. Decir que no hay evidencia sobre la salud omite que la tarifa plena rige apenas desde 2025 y que en Inglaterra, Seattle y Filadelfia sí se midieron bajas en indicadores de peso. Lo único que tiene sustento, reconocen, es que el golpe al bolsillo pesa más en los hogares pobres.

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