Después de un consejo de ministros de unas seis horas, y justo antes de que el terremoto cumpliera un mes, Abelardo de la Espriella firmó 11 decretos de la emergencia económica. El principal, el 1379, crea el Fondo Milagro: un patrimonio autónomo que administra el Ministerio de Hacienda por medio de una fiducia pública, con recursos inembargables que pueden venir del presupuesto, de créditos, de donaciones, de la cooperación internacional o de los propios municipios. Puede financiar desde asistencia humanitaria hasta vivienda y reposición de hospitales, colegios, vías y acueductos. La plata no se traslada por anticipado a la fiduciaria: se queda en la Cuenta Única Nacional y se gira al beneficiario final cuando se acredite el cumplimiento del contrato.
Quién manda en ese fondo está escrito en el decreto: un consejo directivo de ocho miembros, cinco de ellos designados por el presidente, más delegados de Planeación, Hacienda y la unidad de riesgo, y un gerente que también escoge el presidente. Como contrapeso, el decreto ordena una auditoría independiente a cargo de una firma internacional, que no reemplaza a la Contraloría. El resto del paquete reparte alivios: los municipios afectados podrán mover rentas que tenían destinación fija, endeudarse con reglas más flexibles y comprometer vigencias futuras en año electoral; se amplía Obras por Impuestos a todos los municipios de la emergencia, reservando al menos el 35 % del cupo para los de categorías quinta y sexta; se autoriza dar clases en espacios alternos y mover el calendario escolar; y el DANE queda habilitado para compartir con otras entidades datos que la reserva estadística protege. Otro de los decretos, el 1381, deja que cualquier alcaldía o gobernación del país financie obras de reconstrucción en territorios que no son el suyo, y la razón está en una cifra que reporta El Colombiano: los municipios que no sufrieron el terremoto guardaban $924.000 millones en sus fondos de desastres, mientras los que quedaron destruidos tenían $605 millones en promedio. Un dato de contexto que aporta La Silla Vacía: en su primer mes, el presidente firmó 163 decretos, la cifra más alta en 24 años, pero 157 eran nombramientos y solo seis respondían al desastre.
