La decisión de Estados Unidos de no certificar a Colombia en la lucha antidrogas por segundo año consecutivo se tomó sobre los resultados del gobierno de Gustavo Petro y no sobre las líneas del nuevo gobierno: Donald Trump atribuye el incumplimiento a la administración anterior y dice que podría reconsiderar la designación si en el próximo año hay avances en erradicación y en desmantelar las redes del narcotráfico. El punto de partida, recuerda El Espectador, son unas 261.000 hectáreas sembradas de coca y cerca de 3.708 toneladas de cocaína en 2024, según el último informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, que solo se conoció a mediados de 2026 porque Petro había frenado su uso al no estar de acuerdo con la medición.
Para Jorge Mantilla, profesor de la Universidad del Rosario, "la certificación es una decisión más política que técnica", y en el mediano plazo la descertificación hasta le sirve al Gobierno como mensaje a los otros poderes para que apoyen sus medidas. Lucas Marín Llanes, del Cesed de la Universidad de los Andes, advierte que la prisa por mostrar hectáreas asperjadas o erradicadas no puede pasar por encima de la evidencia científica sobre los efectos de la aspersión.
